Relaciones en Igualdad

Moda, Identidad Personal e Igualdad de Género PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redjóvenes   

patronObservatorio de la moda. Esta sección surge con el espíritu de hacer una observación crítica del papel que juega la industria de la moda de cara a la formación de lo masculino y lo femenino en la sociedad de consumo, ya que, la moda, produce identidad personal, produce  falsas necesidades a partir de diferencias de género y diferencias de género a partir de falsas necesidades. Y eso afecta a nuestras maneras de relacionarnos, de atraernos, de gustar y gustarnos, de desear y de ser en una sociedad que aún no ha superado las desigualdades de género.

1) La moda es cambio pero no progreso. 

2) ¿Cómo opera la moda? 

3) Las marcas.

4) Moda-consumo-insatisfacción. 

5) Producción de mujeres y hombres.

 

 

La moda es cambio pero no progreso. La moda es un proceso de cambio hacia ninguna parte porque lo que importa en la moda es cambiar por cambiar sin importar qué aporta ese cambio a las personas: lo que importa es que consumamos moda. Por eso, el capitalismo (acumulación de beneficio) y la moda (imágenes y apariencias cambiantes del cuerpo humano) se alimentan mutuamente: a diferencia de, por ejemplo, el petróleo, la moda es un recurso inagotable para generar beneficio económico. Y lo característico de la industria de la moda es que presenta al cuerpo como un objeto de consumo. Por eso, la moda sigue distintas estrategias según considera que la ropa que crea han de vestirla los hombres o las mujeres, según considera y reinventa que la ropa o es femenina o masculina, de señoras o de caballeros, de niña o de niño (incluso para bebés).

¿Cómo opera la moda? La moda une y refuerza dos cosas: consumismo e individualismo. Es decir, une y refuerza la creación de falsas necesidades con la sensación de ser un yo único. A través del vestir, la moda apela a la identidad personal de cada quien, a los gustos, haciendo que nos sintamos dentro y fuera a la vez. Dentro del grupo social al cual imaginamos que pertenecemos y  fuera de grupos con los que no queremos que nos asocien. Por eso se han creado formas de vestir para diferenciar a los hombres de las mujeres, a las niñas de los niños, a los abuelos de las abuelas como si fueran grupos sociales que deben marcar sus supuestas diferencias a través del vestir. Y por eso la figura del travesti es subversiva, transgresora, no deja a nadie indiferente, porque rompe las normas del género que la moda refuerza (aunque no siempre).

La publicidad habla en 2ª persona del singular (tú), contribuyendo así a hacernos creer que somos un yo “diferente”, “único”, “especial”, “innovador”, que no imita. La moda nos modela el gusto (¿por qué a las niñas les gusta el rosa o las faldas y a los niños el azul?). A través de mi “paisaje externo”, del vestir, recojo la ilusión de distinción que crean las industrias de la moda impulsándonos al consumo y a la formación del gusto. Pero la moda cambia, o sea, cambian los cánones del gusto, de la belleza, de “lo guay” y, por tanto, si queremos “estar a la moda” tenemos que cambiar según el ritmo cada vez más veloz que nos marca.

Las marcas. Pretenden eso, marcar. Más en concreto, hacernos sentir que “marcamos la diferencia” con respecto a l=s demás a través de la apariencia, que formamos parte del grupo “guay”, o del sector de quienes consumen productos “de lujo” a los que no todo el mundo puede acceder, etc. De hecho, la mayoría de las veces que compramos productos de marca estamos pagando esa marca y no la calidad material de los productos (que suelen producirse a bajísimo precio en los países pobres). Pagamos por el “valor inmaterial” del producto, del vestuario, pagamos por lo que significa socialmente estar marcad=s por esa multinacional, por diferenciarnos e incluirnos en grupos, y no tanto por su utilidad, su durabilidad, su funcionalidad, etc. Y cada marca diseña sus líneas de temporada, especializándose en los gustos para chicas y para chicos.

Moda-consumo-insatisfacción. La moda es la producción de imagen, de apariencia. La lógica del capitalismo es la creación masiva de falsas necesidades. Para que ambas cosas funcionen es necesario que la gente se sienta insatisfecha. Entrar en ese juego es entrar en el juego de consumir el propio gusto, consumir la propia identidad personal. Eso quiere decir que nuestro “look”, nuestra carta de presentación superficial ante los demás, nos puede tiranizar si le damos demasiada importancia. Porque si dependo excesivamente (si necesito) de la apariencia para gustarme dejaré de gustarme, me sentiré insatisfech= conmigo mism=, cuando la industria de la moda impulse una nueva tendencia, un nuevo modelo de belleza, un nuevo tipo de cuerpo deseable.

Producción de mujeres y hombres. Si quedamos en que la imagen es producida o fabricada por empresas que explotan la diferenciación masculino-femenino, podemos hablar de “mujer producida” para referirnos a aquélla que fabrica su imagen según los diseños industriales que la moda ofrece. Lo mismo vale para el “hombre producido”, ya que cada vez hay más exigencias estéticas en el mercado de ropa y cosmética para hombres.

 
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Programa realizado por AHIGE (Asociaci�n de Hombres por la Igualdad de G�nero) y subvencionado por el Instituto de la Juventud del Ministerio de Igualdad

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